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Boecillo como trampolín

La empresa brasileña Ferrara e Hijos desembarcó en el 2006 en el Parque Tecnológico, donde hoy genera el 90% de su negocio

lunes, 05 de julio de 2010

El oftalmólogo brasileño Paulo Ferrara desarrolló en 1986 un implante para la córnea que pronto se convirtió en una alternativa más cómoda, barata y segura que el trasplante corneal. En 1999, en la ciudad carioca de Bello Horizonte nacía la empresa Ferrara e Hijos, dedicada al diseño de estos anillos intracorneales. En el 2006, Paulo Ferrara jr. hizo las maletas y se vino al Parque Tecnológico de Boecillo para iniciar desde la localidad vallisoletana el 'asalto' a nuevos mercados en la UE y Oriente Medio. En el 2010, la oficina de la empresa en Castilla y León mueve el 90% de su volumen de negocio internacional. «Venir y experimentar un crecimiento espectacular ha sido todo uno», resume.

Al frente de la delegación se encuentran Ferrara, ya perfectamente integrado en Simancas, donde nació su segundo hijo y de donde no piensa moverse, y María José Mayado, técnico en Comercio Exterior, formada en la agencia de exportaciones de la Junta (Excal). También la ADE tuvo su parte de responsabilidad en la llegada de Ferrara e Hijos. La empresa privada y la pública se conocieron en una presentación en Sao Paulo y no tardaron en establecer relaciones.

Una decena de investigadores especializados en oftalmología trabajan para Ferrara e Hijos en España. Están en la Facultad de Medicina y en el IOBA de Valladolid, en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Madrid, y en la Clínica Oftalmológica Fernández Vega de Oviedo. En Brasil hay otros 20 investigadores. Son quienes se encargan de desarrollar los productos que luego fabrica la empresa AJL en Vitoria. Ferrara se encarga a continuación de la distribución. Actualmente, los anillos se comercializan en 25 países, desde Latinoamérica hasta Australia.

«Las órtesis son una evolución de las utilizadas para corregir la miopía -explica Paulo Ferrara jr.- y se fabrican en diferentes variedades, arcos y grosores, dependiendo de cuál sea la deformidad de la córnea. Tienen una ventaja sustancial con respecto al trasplante, cuya intervención quirúrgica dura al menos una hora, su periodo de recuperación se prolonga durante seis meses y siempre tiene el riesgo de rechazo. El anillo se coloca en cinco minutos y tiene una convalecencia de tres meses; además, los pacientes operados en 1991 siguen mostrando una condiciones estables». Los anillos, reversibles y reposicionables, se adaptan a todos los ojos gracias a sus cinco modelos de arco y cuatro de grosor, y tienen un coste de 350 euros. «El año pasado vendimos 15.000 unidades y por tercer año consecutivo conseguimos duplicar la cifra de ventas», declara el empresario, satisfecho. Tanto que ya está preparando el traslado a unas instalaciones de mayor tamaño y una ampliación de la plantilla.

«El último mercado en el que nos hemos introducido es Alemania -interviene María José Mayado-, que es a la vez muy apetecible y difícil. El colegio de médicos nos ha exigido muchas demostraciones y pruebas de funcionamiento antes de quedar convencido de que es un método seguro. Pero Alemania es un país de referencia que abre muchas puertas, por ejemplo Austria, donde ya estamos presentes». El próximo reto de la empresa es la FDA estadounidense, la agencia gubernamental que regula los alimentos y los medicamentos. «Para dar su visto bueno requieren dos años de pruebas en pacientes durante los que debes correr con todos los gastos -explica-, algo parecido a lo que exige Corea del Sur, donde ya llevamos año y medio de demostraciones».

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