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Haití: Ecos de la tragedia desde República Dominicana

El vallisoletano Ignacio Carrión, director de Compras de Sol Meliá en República Dominicana y miembro de la Red de Embajadores de Valladolid, relata su experiencia en el país vecino

viernes, 15 de enero de 2010

El mundo observa sobrecogido la catástrofe que ha asolado a uno de los países más pobres del mundo, Haití. Desde el país vecino, República Dominicana, un vallisoletano vive la tragedia y relata cómo se perciben los ecos aún latentes del terremoto que ha dejado cientos de miles de muertos y cerca de tres millones de damnificados. Ignacio Carrión del Campo (Valladolid, 1969) el director de compras del grupo hotelero Sol Meliá en República Dominicana, país al que llegó en 1999 procedente de Estados Unidos. Carrión reconoce desde su trabajo en Punta Cana, al este del país, que él no llegó a sentir las réplicas del seísmo que alcanzó 7,3 puntos en la escala Richter y se sintió en la vecina República Dominica con una intensidad de 6,5. Sin embargo, lo que sí retrata en primera persona es la tremenda implicación de la población dominicana para paliar los efectos devastadores del terremoto.

«Se prevé un éxodo masivo de haitianos a este país. Haití es quizá el segundo país más pobre del mundo tras Kenia y como se ha podido ver los efectos del terremoto han causado estragos en la población. Quizá debido a que Haití se encuentra totalmente deforestado, por lo que los corrimientos de tierra han arrasado con todo: edificios, vehículos, personas... Sólo hay que ver cómo ha quedado el edificio presidencial», explica Carrión. Asimismo, el vallisoletano explica que Haití seguía ayer sin luz ni teléfono, por lo que para muchos haitianos que trabajan en República Dominicana es imposible conocer el paradero de sus seres queridos. Carrión también destaca la psicosis que se vivió en Punta Cana, donde reside, al día siguiente de la tragedia. «Aquí hay infinidad de personas que viven cerca del malecón y que se pasaron todo el día mirando al mar por miedo a que un tsunami devastara la ciudad», señala.

El mayor peligro al que se enfrenta el país vecino es la propagación de epidemias por la descomposición de los cadáveres que pueblan las calles haitianas. «Desde la Universidad Iberoamericana de Punta Cana (Unibe) se promueve una campaña de recogida de alimentos y material médico para ayudar a Haití», destaca. Una ayuda cercana que vive pendiente de la actividad sísmica que se registra en la fosa Milawaukee sobre la que se asienta la isla de La Española. Un enclave en el que se puede pasar del infierno de Haití al paraíso de Punta Cana en 300 kilómetros.

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