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Jessye Norman interpreta en Valladolid los temas de su disco 'Raíces: Mi vida, mi canción', un homenaje a sus maestros del jazz y el soul

«La peor enfermedad del mundo es la intolerancia»

lunes, 15 de noviembre de 2010

Foto: nortecastilla.es Foto: nortecastilla.es

Banda: Mark Markham, piano, Mike Lovatt, trompeta, Martin Williams, saxo y clarinete, Clayton Cameron, percusión, Saadi Zain, contrabajo.

Repertorio: Temas popularizados por Duke Ellington, Nina Simone, Josephine Baker, Lena Horne, Ella Fitzgerald, The Monk&The Duke, Odetta.

Hoy, a las 20.00h. Sala Sinfónica del Miguel Delibes.

Entradas de 15 a 50 euros.

Cuando parecía que 47 minutos de aplausos en Tokio eran todo un récord, un año después, en 1986, el público de Salzburgo ovacionó a Jessye Norman durante 55. Son solo dos cifras en la carrera de esta soprano nacida en Augusta (Georgia, 1945), que ha conseguido todo sobre el escenario y fuera de él demuestra su sorprendente talla. La wagneriana Elisabeth, la trágica Carmen, nunca se ha conformado ni con el repertorio, ni con el género. Si en 1975 cuando tocaba la gloria se retiró en Londres a mejorar, ahora trabaja tanto por su voz como por las de los niños de su ciudad. Integrar las artes en la educación, «porque no sólo hay que crecer física e intelectualmente, sino espiritualmente» es uno de sus empeños personales.

-¿Nina Simone y Duke Ellington son parte de su historia musical antes de su carrera lírica?

-Hay muchos de esos talentos que me han inspirado en mi vida. Todos los maestros incluidos en este doble cd son parte de mi inspiración. Y aún así sólo son una parte de las influencias que me han aportado alegría a mi vida. No separo el mundo de la música popular de la llamada lírica. Todos me han ayudado a ser lo que soy y tengo el orgullo de ser la suma de los que me han precedido.

-¿Le permite el jazz más libertad sobre el escenario?

-La idea original del jazz se basa en la improvisación, igual que en la música clásica, particularmente en el barroco. Se supone que uno sabe cuándo y cómo debe improvisar. El jazz lleva esa idea más lejos y da un cierto grado de libertad en la interpretación, algo que una sinfonía de Schubert no permite.

-Grabó este disco en Berlín durante una actuación en directo. ¿Es la manera más cercana de presentar el jazz?

-Hay muchas grabaciones de jazz en estudio, pero yo encuentro las grabaciones en directo más emocionantes y más fieles a lo que se puede transmitir en un estudio. El maravilloso intercambio de energía entre público y escenario y viceversa no se puede duplicar en un estudio. Y en un arte tan vivo como el jazz, este intercambio de energía añade naturalidad y transmite esa sensación efímera en la música.

-Gershwin, Weill, gospel, jazz, blues, ¿las raíces afroamericanas dominan la música americana del siglo XX?

-Es importante saber que prácticamente todas las categorizadas hoy como corrientes de músicas populares parten de la misma fuente, los espirituales. De ellos nace el blues, el be-bop, y el jazz. La raíz es la misma, aunque los estilos son maravillosamente distintos.

-¿Qué diferencias ve en el mundo musical americano y el europeo?

-Lo más maravilloso de la gente en este planeta es que nuestro núcleo, en el centro de nuestra alma, somos muy parecidos. Esta es una verdad demostrable con todos los públicos. La música llega a ese punto en el que todos somos iguales y provoca la misma respuesta: alegría, gratitud y el deseo de recibir más.

-Es usted embajadora de Naciones Unidas, ha luchado en pro de los enfermos de sida, contra el hambre, etc. ¿Qué cuestión social la preocupa más?
 
-La peor enfermedad, la más preocupante y retadora, es la de la intolerancia. Si pudiéramos erradicarla, el mundo viviría en armonía.

-¿Cómo ve su país, hay paciencia suficiente para que Obama desarrolle su programa?

-Cuando la economía de cualquier país, a causa de un grupo de gente, provoca el sufrimiento personal y nacional, no es extraño que se culpe a quien ocupa el poder, olvidando que no estaba al cargo del mismo cuando comenzó la crisis. No puedo hablar en nombre de todos los americanos, solo puedo decir que el presidente Obama ha logrado más cambios en políticas sociales para los más desfavorecidos en dos años de los que se han sucedido en mi país durante los últimos 50 años. Quizá sea el momento de echar una mirada realista a lo que se encontró en su despacho el 20 de enero de 2009, en qué estado real nos encontramos ahora y cómo nos tenemos que arremangar juntos para ir hacia los objetivos que se ha impuesto este visionario, inteligente y entregado presidente. Nuestras memorias son frágiles y nuestra paciencia está dominada por el sufrimiento personal. Un acercamiento más realista a nuestra recuperación económica y espiritual es necesaria.

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