"Um soldado de cavalaria que galopa à carga contra o inimigo, ou que simplesmente vai levar um elefante a valladolid, nao tem que se preocupar com os asuntos de intendência"
José Saramago. A Viagem do Elefante, 2008"En Valladolid aprendí a hablar. Aquellas voces que arrullaron mi infancia fueron el germen de mi expresión futura"
Miguel Delibes. Discurso de agradecimiento al ser nombrado Hijo Predilecto de la ciudad - Sep. 1986"Villa por villa en el mundo, cuando los años felices brotaban de mis raíces, Tú, Valladolid profundo"
Jorge Guillén, poemas"Me di toda la priesa que pude para fundar como pudiese en Valladolid"
Santa Teresa de Jesús"...así, pasando por tu signo agora, como en Oriente, de Castilla nacen, Valladolid famosa y excelente."
Lope de Vega"Volved el presuroso pensamiento a las riberas del Pisuerga bellas: veréis que aumentan este rico cuento claros ingenios con quien se honran ellas"
Miguel de Cervantes. Canto a Calíope, de la Galatea"Valladolid è una bella e antica città...: una città in cui il passato dell’uomo è in ogni pietra"
Leonardo Sciascia"Valladolid, tu nombre, esa extraña hermosura valle de olivas, oro, aquí goteando míticos ¡quién sabe!"
Francisco Pino"No se deja Valladolid sin pena... La historia aquí se llama piedra; el arte, maravilla, y el trato, ingenio y hospitalidad"
Antonio Zozaya. Solares de hidalguía
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«Hasta que no hablé con ellos el viernes, estuve tres días sin saber de mi familia»
miércoles, 20 de enero de 2010
A Mario Land (Haití, 1975) le estalla el corazón en la boca cada vez que habla de su país. Y se indigna. Y se revuelve en la silla cuando una imagen le asalta desde la pantalla del ordenador. La misma imagen que corona estas líneas. La fotografía de una niña que pasea por las calles de Puerto Príncipe abrazada a una bolsa de color salmón que lleva impresa, en letras negras, las palabras 'ayuda humanitaria'. Estremece la mirada de la niña, que de reojo se posa en el arma que en su mano derecha lleva un soldado, uno de los 2.200 militares norteamericanos que el lunes desembarcaron en Haití. «¿Cuánto vale esa arma?», se pregunta Mario. «Me duele ver estas imágenes, estas escenas de gente armada delante de niños», añade antes de retirar un momento la mirada para, a los pocos segundos, volver a clavarla en la pantalla del ordenador. «En Haití tenemos un problema de miseria, de hambre, de educación... Queremos profesionales, no militares», remacha.
Mario es médico. Y el único haitiano registrado en el padrón de Valladolid (a 1 de enero del 2010). Su historia, que cuenta con unos ojos enrojecidos de dormir poco y pensar en lo peor, se apuntala con otra tragedia, el huracán que azotó su país en 1998 y que dejó destrucción y un convenio con Cuba, que ofreció becas para que jóvenes haitianos pudieran estudiar en el país vecino. Mario obtuvo una de esas becas. En Cuba se licenció en Medicina. Volvió a Haití, donde trabajó durante dos años, y después vino a España para cursar un máster de Salud Pública en Madrid. Después el MIR y, a continuación, Valladolid, donde cumple su residencia en medicina familiar y comunitaria en la Gerencia de Atención Primaria Valladolid Este. ¿Por qué Valladolid? «Por historia. Cristóbal Colón llegó (que no descubrió) a América, a Haití en 1492... y quise conocer el lugar donde se fraguó ese viaje y donde Colón vino a morir».
Aquí está, desde mayo del 2008, y aquí ha tenido que conocer el último bofetón que la historia le ha dado a su país, «la gota que ha colmado un vaso que ya estaba más que lleno». Un terremoto devastador que hace temblar a Mario, aunque está a miles de kilómetros de distancia. De distancia física, porque no hace más que pensar en su país... Y en su familia. Allí vive su madre, su padre, seis de sus hermanos. Y durante tres largos días, durante 72 horas eternas, no supo qué había sido de ellos.
Martes. Día del terremoto. Mario está con otros compañeros médicos en el hospital Clínico de Valladolid cuando recibe, tan sólo media hora después del seísmo, la llamada de una prima de Francia. «Me lancé a Internet y vi que el terremoto era de escala 7.3 (luego han dicho que 7.0). Traté de contactar con mi familia desde el hospital, pero no daba señal. Llamé a los hermanos que tengo en Estados Unidos por si ellos sabían algo, pero les pasaba lo mismo, que no podían comunicar con ellos». Así tres días con sus largas noches de insomnio. Hasta que el viernes llegaron las buenas noticias. «Mis hermanos de EE UU, a través de amigos comunes, supieron que mis padres estaban bien... y ya ese viernes por la noche pude hablar con ellos».
Ahora, con el alivio familiar, su preocupación se vuelca con su país. «Dicen que no hay mal que cien años dure, pero nosotros ya llevamos seiscientos años de sufrimiento. Hemos padecido la esclavitud francesa, la ocupación americana, las dictaduras, los golpes de Estado y las catástrofes naturales, los huracanes, los ciclones, las inundaciones y los terremotos». «Los haitianos somos conscientes de nuestra realidad, sabemos lo que queremos, pero desde hace siglos nos agarran unas manos escondidas que nos llevan por el mal camino. Cada vez que hay un intento de Gobierno progresista lo echan. La miseria es la madre de todos los males, es verdad. Pero, ¿sabemos quién es el padre, quiénes son los abuelos?».
El futuro del país
Sigue Mario: «Si llevamos seis siglos así, ¿cómo será nuestro séptimo siglo?», se pregunta con la esperanza de que la ayuda militar («desde el 2004 han llegado más de 9.000 soldados a Haití y el país sigue empobrecido») deje paso a otro tipo de colaboración internacional para que el futuro de Haití «esté en manos de los haitianos». «Somos un pueblo rebelde, es verdad, somos pobres. Pero sabemos aprender y también sabemos enseñar. Enseñamos a la humanidad que la esclavitud no es buena para nadie. Fuimos el primer país donde se abolió la esclavitud», recuerda.
Mario quiere ahora viajar a Haití para ayudar. «Soy médico para el mundo, pero haitiano para los haitianos. Y ante todo soy haitiano. Si hay problemas como ahora en Haití, creo que puedo ser parte de la solución». Por eso ofrece sus manos y su conocimiento para colaborar con Cruz Roja, con Médicos de Fronteras, con la Junta. «Agradezco a la Junta todo lo que está haciendo allí. Y si mandan un nuevo contingente, me gustaría que contaran conmigo (y no duda en dar su teléfono 667 00 17 42). Conozco el lugar. Puedo ser de gran ayuda», asegura. Y su mirada, se clava, de nuevo, en la esperanza de la niña de la foto. Y en el dolor que le provoca el arma que la vigila.
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